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by Russell B. Hilliard, Sr., Traducción al Español: Carmen Alicia Moncayo de Ayala

Uno de las mas soberbios monumentos memoriales de nuestra nación, se encuentra en la extraordinaria ciudad de Atlanta. He visitado este particular santuario de la NO-VIOLENCIA, en tres oportunidades y en cada una de estas, he sido maravillado e invadido por profundo e inacabable respeto. Pienso que todo aquel que se considera a sí mismo americano, no solo que acrecentaría su conciencia de la profundidad de las raíces de nuestros prejuicios, sino que también de la amplitud de nuestro progreso. Bastaría con invertir como mínimo la mitad de un día a la sombra de los rascacielos visitando el monumento memorial en honor al Dr. Martin Luther King, Jr., en Atlanta. Las siguientes líneas destacan momentos de mi primera visita a este maravilloso monumento memorial a nuestra cultura Americana.

Realicé un viaje a Atlanta hoy, y este se convirtió en
un peregrinaje a mi propio pasado. Fué un día memorable, con mis amigos
Ángel, Job y Rodolfo. Juntos hicimos este recorrido para obtener
pasaportes mejicanos. En vista que teníamos que esperar por
aproximadamente cinco horas para que los pasaportes fuesen procesados,
Ángel sugirió que hiciéramos una visita al monumento memorial del Dr.
Martin Luther King, Jr. Ángel y yo habíamos pasado, en una visita
previa, rápidamente por la Avenida Auburn y habíamos prometido regresar
para visitar el monumento en una visita futura.
A partir del momento en que entramos en el área de parqueo destinado
para los visitantes nuevos, bellamente cuidada por el Servicio de
Parques Nacionales, miles de sentimientos me invadían de lo profundo de
mi ser. Mientras que caminábamos por el Paseo Gandhi hacia el Centro de
Visitas y leí extractos de los discursos del Dr. King, supe, entonces,
que aquel sería un día indudablemente diferente. Mientras que ingresaba
al Centro de Visitantes, sentí de inmediato que este “hijo del Sur”
sería sacudido desde lo más hondo, en este santuario de NO-VIOLENCIA,
para un cambio aún más profundo.


Montado como uno de los más impresionantes museos, el período de los
años 1960-1970 es dramáticamente mostrado con la ayuda del maravilloso
mundo de la fotografía, estatuas, y más aún, por sobretodo, por
noticias en vivo. Pude constatar como muchos jóvenes Afro Americanos,
siendo arrestados, golpeados, jaloneados y echados en lugares de
encierro en Nashville y Greensboro.

Intenté traducir para mis amigos
mexicanos las “jornadas de liberación” de Louisiana y Mississippi, todo
lo acontecido durante el “boycott de los autobuses de Montgomery”. Fué
entonces, que por primera vez, trataba de traducir, de interpretar, de
dar a entender el arresto multitudinario de 700 personas en Albany (muy
cerca de mi ciudad natal en el Sur de Georgia).

 

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Martin Luther King, Jr en Grosse Pointe Farms, Michigan, el 14 de marzo de 1968, pocas semanas antes de su asesinato. Photo courtesy of the Pan-African News Wire.

Narrado por teleproductores de noticias del día, tales como Walter
Cronkite, por damas que en ese entonces eran tan solo niñas, y por el
Congresista John Lewis, el impacto de estas escenas fueron más allá de
la imaginación. Traté de traducir para Ángel, Job y Rodolfo, pero me
quebranté profundamente a medida que veía a los caballos enfrentando,
atacando a las personas sangrantes en el puente en Selma, a los perros
atacando e innumerables bombas estallando en iglesias en Birmingham. Me
disculpé con mis amigos mejicanos por no poder continuar. ¡Fui al baño
y lloré profunda e intensamente!


Algunas de estas lágrimas fueron sumamente tristes de este „hijo del
Sur‰, estaba atónito, paralizado, acongojado de ver la maldad tan
abiertamente ejecutada por mi generación. Otras lágrimas fueron de
sanidad, sabiendo que tantos estuvieron dispuestos a pagar tan enorme
precio por la libertad, por los derechos civiles de todos nosotros en
este nuestro gran país.


Luego mis amigos mejicanos y yo caminamos cerca del primoroso jardín de
rosas, históricamente cruzado la Avenida Auburn, y fuimos al mausoleo
de mármol, donde pudimos leer lo siguiente:
“Libre al Fin. Libre al Fin. Gracias a Dios Todopoderoso. Libre al Fin”


Permanecimos allí, de pie, solemnemente ante la llama eternal, como si
nos fuera imposible alejarnos, movernos de aquel momento gigante. Mis
amigos mejicanos de mediana edad, Job, añadió recordándome que el
sufrimiento tiene un lugar y un valor en el Planeta Tierra. Finalmente
y lentamente nos alejamos hacia la Iglesia Bautista Ebenezer. En este
edificio de ladrillo, rojo, sagrado, miramos un video de la iglesia
donde el Dr. King había cantado en el coro, donde él predicó tanto su
primer y último sermón, y donde había servido junto con su padre como
pastor asociado de medio mundo.


Como ciudadanos de los Estados Unidos, necesitamos volver nuestra
mirada generación tras generación hacia Atlanta. Necesitamos tomar de
los bebederos de agua señalizados con letreros “Solo para Blancos”
“Solo de Color”, letreros que vi a diario siendo un niño sin
entenderlo. Necesitamos sentir nuevamente lo que significa estar en la
parte posterior de los buses solo por la raza de uno.
Necesitamos estar en contacto con la dureza del acero de las cárceles,
de la cárcel donde el Dr. King escribió de la fuerza de la
NO-VIOLENCIA. Necesitamos recordar el dolor del pasado plagado de
prejuicios. También necesitamos, como país entero, expresar una
petición de perdón a nuestros conciudadanos Afro Americanos por los
daños realizados, y, por supuesto, también regocijarnos con ellos en
cuanto a toda y cada una de las promesas del progreso.


Russell B. Hilliard, Sr. es pastor honorario de la Primera Iglesia Bautista Hispana de Asheville “Manantial de Vida”.