Immigrant workers

El proyecto de ley de estímulo, en resumen, simplemente excluyó a las personas indocumentadas.

Los Trabajadores Indocumentados También Necesitan un Rescate

Immigrant workers
El proyecto de ley de estímulo, en resumen, simplemente excluyó a las personas indocumentadas.
Por Josue De Luna Navarro –

Más allá de realizar un trabajo esencial, nosotros somos humanos, y, en una pandemia, eso debería de ser suficiente para merecer ayuda.

Era un niño cuando entendí que mi familia inmigrante era buscada por trabajo, y solo por trabajo.

Todos los días antes del amanecer, escuchaba a mi padre rezar de rodillas. Rezaría por nuestra salud, nuestra seguridad y, lo más importante, para que no ocurra nada fuera de lo común que amenace el trabajo de mis padres.

Como se puede imaginar, nuestras vidas y nuestra estabilidad económica dependían de esos trabajos. Si algo pasara e impidiera que mis padres trabajen, eso sería devastador para nuestra familia.

Nuestra historia no es unica: es la misma historia que 11 millones de personas indocumentadas viven todos los días en los Estados Unidos. Sin embargo, algo extremadamente “fuera de lo común “ ahora está dejando a muchas de estas familias sin sus medios de vida: La pandemia del COVID-19.

COVID-19 ha devorado el sistema de salud del país y ha llevado a lo que se ha llamado la “recesión global más profunda de la historia “. Como un intento de proveer algo de alivio a los estadounidenses y a las empresas en dificultades, el Congreso aprobó recientemente un paquete de estímulo y rescate de $2 trillones.

Pero el acuerdo que negociaron dio la espalda a la columna vertebral de nuestra economía: 11 millones de personas y sus familias viven actualmente en la desesperación. El proyecto de ley de estímulo, en resumen, simplemente excluyó a las personas indocumentadas.

En el 2018, un año normal, los inmigrantes indocumentados contribuyeron con alrededor de $20 billones en impuestos federales y con casi más de $12 billones en impuestos estatales y locales. Pero debido a que las personas necesitan un Número de Seguro Social válido para beneficiarse de la asistencia financiera federal, se ven completamente excluidas del estímulo que pagaron sus propios impuestos.

Los inmigrantes indocumentados pueden olvidarse, por ejemplo, de recolectar los cheques de estímulo de $1,200 prometidos a cada hogar de los Estados Unidos. Peor aún, a medida que más trabajadores indocumentados de construcción, limpieza, y servicios se encuentren desempleados, ellos no podrán solicitar beneficios de desempleo, que se ampliaron y extendieron bajo el estímulo.

Para empeorar las cosas, los trabajadores inmigrantes a menudo trabajan en los trabajos de primera línea más expuestos al virus, a la vez que carecen de atención médica o de una red de seguridad social significativa.

Los trabajadores del campo lleva. En este momento, la mayoría de los alimentos que comen los estadounidenses es cultivada, cocinada, procesada y/o empacada por trabajadores indocumentados. De hecho, se estima que el 70 por ciento de la fuerza laboral esencial en las granjas es indocumentada.

¿Deberían ir a trabajar, arriesgando su salud y la salud de las personas que comen los alimentos que cultivan? ¿O deberían quedarse en casa y ver a sus propias familias pasar hambre? Sin seguro de salud o beneficios de desempleo, esa es la opción con la que están atrapados. Sin embargo, al Congreso no parece importarle.

Todo esto tiene un precio.

Yo solía trabajar en una clínica de salud comunitaria donde asistía directamente a muchos pacientes indocumentados. Después de ver a personas enfermas día tras día durante 3 años, aprendí una lección horrenda: La raíz de la causa de sus enfermedades a menudo estaba relacionada con el estrés. Sus cuerpos simplemente se estaban deteriorando por la explotación laboral.

Cada día terminaba furioso. Estas personas pagaron sus impuestos y pasaron la vida trabajando en trabajos que nadie más quería, pero había poca o ninguna ayuda para ellos. Recuerdo haber escuchado las oraciones de mi padre cada mañana, aplastado por el recordatorio de que nuestros cuerpos solo estaban siendo utilizados para mano de obra barata. El Congreso finalmente debe volver a sus sentidos, y su moral. El estatus de inmigración, y el número de nueve dígitos que lo confirma, no deben usarse para determinar quién merece ayuda en una pandemia que puede infectar o empobrecer a cualquiera. Para proteger a todos, primero debemos rescatar a los más vulnerables.

Donde quiera que vayan, los trabajadores inmigrantes realizan labores esenciales. Más allá de eso, somos humanos, y, en una pandemia, eso debería ser suficiente para merecer ayuda.

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